La recesión no se discute: se siente

Opinión21/02/2026José Alberto CoriaJosé Alberto Coria

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¿La recesión es real o es un invento opositor? La respuesta no está en un Excel. Está en la cola de gente buscando trabajo.

Desde que asumió Javier Milei en diciembre de 2023, se perdieron más de 270.000 puestos de trabajo registrados. No es un número menor. Es el equivalente a varias ciudades medianas sin empleo formal. Y más de 54.000 de esos puestos eran del Estado.

Al mismo tiempo, miles de empresas cerraron o achicaron personal. Pymes que no aguantaron la caída del consumo. Comercios que ya no pudieron competir. Fábricas que suspendieron turnos. ¿Eso es ideología? No. Es realidad.

BagayeroFrontera barata: ¿qué estamos destruyendo cuando buscamos “precio”?

Hace unos meses escribimos aquella editorial que generó tanto ruido: “Frontera barata: ¿qué estamos destruyendo cuando buscamos precio?”. Algunos nos colgaron rápidamente la etiqueta. Nos dijeron que era “periodismo kuka”. Que exagerábamos. Que defendíamos un modelo.

No defendíamos ningún modelo. Estábamos describiendo una escena. Autos cargados cruzando a Bolivia y Paraguay. Televisores a mitad de precio. Aire acondicionado imposible de igualar. Carne más barata. Todo pagado en pesos. Del lado argentino: persianas bajas.

Y dijimos algo simple: nadie cruza la frontera por maldad. La gente cruza porque el sueldo no alcanza. Pero cuando eso se vuelve masivo, el comercio local se cae. Y cuando el comercio cae, se pierde trabajo. Hoy, con más de 270.000 empleos menos en el sistema formal, esa advertencia ya no parece partidaria. Parece evidente.

La recesión no empieza cuando un organismo la declara. Empieza cuando el comerciante deja de reponer mercadería. Cuando el industrial apaga una máquina. Cuando el empleado pasa a suspensión. Cuando el vecino te dice: “me quedé sin laburo”.

COMBUSTIBLESuben otra vez los combustibles y la Infinia ya está pisando los $2.000

Podemos discutir si el ajuste era necesario. Podemos discutir si primero había que ordenar la macro. Lo que no podemos discutir es que el golpe al empleo fue fuerte.

Y acá hay una pregunta incómoda, pero necesaria: ¿cuánto empleo puede perder un país antes de que el daño sea más profundo que el desequilibrio que intentaba corregir?

Porque ordenar las cuentas es importante. Pero una economía no es solo déficit e inflación. Es trabajo. Es comercio. Es movimiento. Y cuando eso se apaga, la recesión deja de ser un término técnico. Se convierte en algo mucho más concreto: angustia.

Lo que escribimos en diciembre no era militancia. Era una alerta. Y hoy, con fábricas frenadas, comercios cerrados y miles de familias sin empleo formal, la pregunta vuelve con más fuerza que nunca: ¿Estamos atravesando una transición dolorosa… o estamos achicando el país?

Esa es la discusión de fondo. Y esa no se resuelve cambiando una palabra en una estadística.

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