

Vetos sin votos: el papelón político del Gobierno
José Alberto Coria
Lo que ocurrió en la Cámara de Diputados este miércoles quedará como una de las derrotas más duras del oficialismo. Con 181 votos contra el veto a la emergencia pediátrica y 174 contra el veto al financiamiento universitario, la oposición pulverizó la estrategia presidencial. El resultado fue histórico: un Gobierno debilitado, incapaz de sostener ni siquiera un tercio de los apoyos necesarios para mantener sus vetos.
En política, los números son todo. Ningún Presidente debería vetar leyes sin antes asegurarse de que tiene las espaldas parlamentarias para sostener esa decisión. Milei lo hizo y terminó expuesto, con un Congreso que le marcó un límite abrumador. Fue un error de cálculo y, al mismo tiempo, un papelón político.
La escena fue doblemente costosa: afuera, miles de estudiantes, docentes y trabajadores de la salud marcharon en la Marcha Federal Universitaria para reclamar contra el ajuste en hospitales y universidades. Adentro, los diputados —incluyendo radicales, peronistas, pichettistas, izquierda y ex aliados del oficialismo; PRO y libertarios— le dieron la espalda al Presidente y se alinearon en defensa de dos temas sensibles: el financiamiento de la universidad pública y los recursos para la salud pediátrica.


El Gobierno insiste en hablar de conspiraciones y golpes blandos. Pero lo que realmente quedó al descubierto fue la impericia política. Vetar una ley supone tener claro que el Congreso no logrará los dos tercios para insistir. Aquí ocurrió lo contrario: los vetos fueron revertidos con una contundencia que no tiene antecedentes recientes.
Lo que se vio fue el resultado de un aislamiento creciente de la Casa Rosada. Los gobernadores retiraron su respaldo, muchos de sus ex aliados tomaron distancia y hasta bloques que en algún momento acompañaron terminaron votando en contra. El costo político es alto: no solo se perdió la votación, sino también autoridad y credibilidad.
En definitiva, lo del miércoles fue más que una derrota: fue un papelón político que dejó en evidencia improvisación, soledad y falta de lectura del mapa parlamentario.
Por José Alberto Coria



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