

Romero pidió licencia justo cuando los gobernadores le marcaron la cancha a Milei
José Alberto Coria
Mientras el Senado aprobaba este jueves con 56 votos a favor y solo uno en contra dos proyectos clave para los gobernadores -la redistribución de los ATN y el nuevo esquema del impuesto a los combustibles-, Juan Carlos Romero, senador por Salta, se mantenía en silencio. Su ausencia no fue casual: pidió licencia sin goce de haberes del 1 al 31 de julio, justo cuando el tablero político comenzaba a girar y lo dejaba fuera de juego.
Romero fue, hasta hace semanas, un hombre influyente en el esquema de Javier Milei. Su vínculo con el ministro del Interior, Guillermo Francos, y su rol de articulador legislativo lo posicionaban como pieza útil en el Senado. Sin embargo, esa cercanía se desgastó rápidamente tras un movimiento que sacudió la interna libertaria en Salta: la visita de Lule Menem, enviado por Karina Milei, para bendecir a Alfredo Olmedo como candidato a senador por La Libertad Avanza en 2025.
Esa jugada, interpretada como una desautorización directa a Romero, puso fin a cualquier expectativa del salteño de buscar una nueva reelección con el respaldo libertario. Lo dejaron afuera de la boleta que él mismo venía empujando, en un contexto donde el oficialismo nacional ya muestra fracturas internas y falta de conducción política en el Senado.


Su licencia se produjo en la previa al tratamiento de dos leyes que irritan a la Casa Rosada: una que impone la distribución automática de los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) y otra que cambia la lógica del impuesto a los combustibles, fortaleciendo los ingresos de las provincias. Ambas normas fueron avaladas por los 23 gobernadores y el jefe de Gobierno porteño. Además del incremento a jubilados.
En Balcarce 50 intentaron minimizar la derrota y justificaron la retirada de sus senadores -incluido Romero- como una forma de no "validar lo que estaba ocurriendo". Sin embargo, en el Senado quedó clara una nueva mayoría opositora -kirchneristas, radicales, macristas y provinciales- que desoyó las presiones libertarias y avanzó con una agenda de autonomía federal.
En ese marco, la figura de Romero quedó desdibujada, sin banca ni proyecto definido. Su pedido de licencia parece más una retirada ordenada que una pausa voluntaria. El terreno político en Salta, mientras tanto, empieza a definirse sin él.


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